Con Holan como DT, el Rojo ganó por primera vez en el Libertadores de América

Sobrevolaba en el Libertadores de América un clima desmesuradamente ansioso que no tardó en repercutir en el partido. Independiente, que con Ariel Holan como entrenador no había ganado nunca en su estadio, empezó el clásico preso de su voltaje. Racing lo hizo con respeto, tímido, sabiendo que visitaba a un rival complejo. La mística de uno contra el positivismo de otro parecieron equilibrarse en un momento. Apenas fue una sensación. Rigoni desanudó la noche con un tiro libre preciso, en el primer cuarto de hora del segundo tiempo, que cambió el nerviosismo en descarga. Sobre el final llegó el gol de Meza, la estocada con la que los Rojos rompieron la sequía en su casa, donde ayer ganaron por primera vez en el año. Un triunfo de peso, 2 a 0, que certifica la levantada de un equipo serio que en pocas semanas transformó los murmullos en aplausos.

Las dudas pasaban por su cancha. Desde la llegada de Holan, Independiente había funcionado a la inversa. Mientras que de visitante se ubica como el mejor del torneo, en el Libertadores de América estaba en deuda. Cinco empates en cinco partidos era la anémica estadística que decoraba el año de los Rojos en esa condición. Si se cuenta lo que sucedió en 2016, eran seis partidos sin ganar en su territorio. La última vez había sido ante River, el 4 de diciembre del año pasado. Mucho tiempo. Por eso la necesidad con la que llegó al clásico. La exigencia de los hinchas en su momento había dinamitado la frescura de los jóvenes que promovió Holan. Pero anoche, en un estadio que alcanzó su récord de asistencia, con más de 50 mil personas, cortó una racha que se había vuelto preocupante.

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Pero a pesar del triunfo, el partido empezó equilibrado, con dos equipos que, en sus diferencias, se emparejaron. En un principio los experimentados futbolistas de Racing supieron controlar a los jóvenes de Independiente. La visita no dejó espacios, entonces todo se estancó. Los de Cocca, especialistas en detectar errores, jugaron a lo suyo. En esos primeros 45 minutos se encargaron de esperar los tropiezos de su rival.

Independiente, a mediados del primer tiempo, vio de qué se trataba. Sin controlar la pelota, Racing empezó a buscar las falencias de su rival. A los 24 minutos, de hecho, encontró un fallo de Alan Franco, que pisó la pelota, se cayó y desató una contra. Bou quedó insólitamente solo, parado desde la izquierda, pero definió a las manos de Campaña. Fue muy clara.

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Tras una primera parte estable, el desequilibrio llegó en la segunda. A los ocho minutos hubo un clic: Abal no cobró una clara falta de Gastón Díaz a Barco adentro del área, que hubiera sido penal, e Independiente se encendió. Poco después, Rigoni se escapó por la izquierda, buscó a Gigliotti y lo encontró. El ex delantero de Boca llegó a tocarla, apenas, pero la pelota dio en Orion. Quedó el rebote, que otra vez capturó Gigliotti, pero esta vez su disparo dio en el palo. Pudo haber sido el primero. Independiente estaba en llamas. Esa jugada marcó el quiebre del encuentro. Racing, desde ahí, quedó perdido.

Todos los espacios que no había tenido Independiente en el primer tiempo los consiguió en el segundo. El conjunto de Holan parecía llevarse puesto a Racing, que ya no era el mismo. Los Rojos, poco a poco, comenzaron a sentirse superiores. A los 15 minutos llegó lo que se intuía. Rigoni, el goleador de este equipo, tuvo un tiro libre apenas volcado hacia la derecha. El cordobés abrió su pie izquierdo y sacó un tiro cruzado que Orion, convencido de que alguien la iba a desviar, apenas acompañó. La pelota terminó en su arco.

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El partido cambió su eje. A Racing ya no le servía seguir con su planteo cauto. Fue a buscar el empate. Holan supo que ahora sí, por fin, de local, iba a poder profundizar la estrategia que le dio resultado de visitante, con más espacios. El vértigo es la madre de todas las ideas de este Independiente. Y ahora iba a tener lugar. Racing dejó huecos. Rigoni, Benítez y Barco empezaron a galopar. Gigliotti se hizo enorme.

Racing buscaba oxígeno, pero ya no lo tendría. Independiente, en vez de meterse en su propia zona a defender, buscó remachar la victoria. Hizo bien. La diferencia pudo haber llegado antes. Con una muy buena jugada individual, Meza, a los 47, se encargó de anotar el último gol, el que hizo estallar al Libertadores de América por primera vez en el año.

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