”El Matador” iba noveno cuando en el kilómetro el kilómetro 438 de la especial de 458, cuando una nube de polvo no lo dejó ver una roca con la que terminó impactando y lo hizo dar cinco vueltas de campana y destruir completamente el auto de la casa francesa, que este año está regresando al Dakar tras 25 años de ausencia.

Sainz llegó al vivac de Antofagasta al atardecer, aún aturdido por el impacto del accidente aunque en buen estado de salud, al igual que su copiloto, Lucas Cruz.

Con un reducido grupo de periodistas, el español se mostró calmo aunque con la cierta decepción que genera un abandono.

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Sin embargo, apenas llegó a su equipo y se topó con los responsables que lo esperaban, disparó: ”Todo por culpa del puto polvo, del gillipolla ese”.

El piloto español se refirió así al conductor de un cuatriciclo que iba adelante y lo envolvió en la nube de polvo que antecedió el accidente.

En su marcha, Sainz descontaba a ritmo sostenido el tiempo perdido en la etapa anterior, en la que había terminado de madrugada tras sufrir problemas con el turbo, inconveniente por el que había llegado después de las cuatro de la mañana al vivac de Copiapó.

”Ha sido un golpe muy fuerte, nos hemos topado con una piedra y no hemos podido hacer nada. Lamentablemente, el auto quedó destruido y no podemos seguir”, afirmó el español aún con el antiflama puesto, cubierto de polvo, y rengueando levemente con el pie izquierdo.

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Sainz, había cosechado hasta ahora un octavo lugar en la primera etapa, un séptimo puesto en la segunda, y un meritorio cuarto lugar en la tercera.

En la segunda etapa, entre Carlos Paz y San Juan, el español atropelló a un piloto de motos francés, quien sufrió una fractura en la pierna izquierda.

Años antes, en 2009 en la etapa 12 en Fiambalá, Sainz había caído en una inmensa grieta mientras disputaba el título con Volkswagen, accidente en el que su copiloto, el francés Michael Perin ,sufrió la fractura del brazo, lo que indignó al español y llevó a insultar al navegante porque éste no podía seguir en carrera.

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El desierto también le fue esquivo a Sainz en 2013, cuando en la sexta etapa entre Arica y Calama, el motor de su Buggy reventó y debió volver remolcado al campamento.

”Igual, me voy con un panorama de lo que hay que hacerle al Peugeot y del trabajo que tenemos por delante”, dijo Sainz, al despedirse mientras una brisa fría proveniente del mar soplaba en el vivac de Antofagasta.
Telam

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