El proyecto de un arquitecto esloveno suma adeptos en la comisión directiva; se construiría en la zona de palcos sin afectar a los vecinos

La cúpula de la comisión directiva de Boca está cada día más convencida de que hay que remodelar La Bombonera. El desafío no es sencillo, y todo indica que hay una sola posibilidad, al menos en el corto plazo.

La solución que puede salvar de su jubilación al estadio de Boca llega desde Eslovenia, la misma tierra de donde era oriundo Viktor Sulcic, el arquitecto que diseñó La Bombonera, que fue inaugurada el 25 de mayo de 1940. Tomaz Camernik , colega, compatriota y discípulo de Sulcic, trabajó durante el último año y medio en un proyecto que promete resolver la escasez de espacio, que no depende de la compra o no de las dos medias manzanas ubicadas detrás de los palcos, que no invade el espacio aéreo de los vecinos y que ampliaría la capacidad actual del estadio a unos 60.000 espectadores sentados.

En abril de 2016, como lo contó entonces LA NACION, Camernik había propuesto construir arriba de los palcos una tercera bandeja. No conforme con la negativa que recibió del club en aquella ocasión, el arquitecto siguió trabajando en su estudio de Ljubljana, donde vive, para diseñar una idea superadora.

¿Quién esTomaz Camernik, el arquitecto esloveno que quiere salvar a La Bombonera? De visita en Buenos Aires, el esloveno tuvo anteayer una reunión informal con Daniel Angelici y con Christian Gribaudo, secretario general de Boca. Ambos se entusiasmaron con el proyecto, que suma adeptos en la comisión directiva y le cierra en lo edilicio, en el costo y en los tiempos de obra, además de tener lazos directos con la historia misma del emblemático estadio.

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De todos modos, la solución no es inmediata. Esta tarde Boca firmará un convenio con el Colegio Profesional Inmobiliario (CPI), entidad a la que el club encomendó la tarea de tasar las 135 unidades funcionales que conforman las mencionadas dos medias manzanas ubicadas detrás de los palcos. Dadas las condiciones actuales, es prácticamente imposible que la situación final llegue a buen puerto, porque el club pone como “condición sine qua non” que en simultáneo se adquiera el 100 por ciento de esas propiedades. Si un vecino no acepta, se cae la propuesta. Así planteado, el éxito o el fracaso del trabajo trasciende la buena voluntad del CPI.

Recién en octubre, cuando culminen los 60 días de plazo que tiene el CPI para presentar su informe, verá la luz el proyecto del esloveno. Entonces, Tomaz Camernik hará la presentación formal, junto a Fabián Fiori, empleado del club y nexo entre el arquitecto y la institución, y apoyada por Hernán Zupan, cónsul honorario de Eslovenia en la Argentina, que también formó parte de la reunión con Angelici.

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El render de la cancha de Boca, por dentro

Desde la cúpula de la dirigencia xeneize confiaron a LA NACION que la decisión supera a la comisión directiva actual, y que son los socios quienes determinirán los pasos por seguir. Sigue existiendo la idea de realizar un plebiscito, en el cual las alternativas serán: la ampliación de La Bombonera que propone Camernik y la posibilidad de construir otro estadio en una locación por definir. “Los terrenos de Casa Amarilla se adquirieron en una compra con cargo. Boca se comprometió a hacer algo para el barrio, y allí no puede hacer un estadio, porque si no cumple con los planos presentados pierde las tierras”, explican desde la mesa chica de la comisión directiva.

“El proyecto del esloveno me encanta. Es de lo más serio y viable que vi”, se entusiasma un hombre muy cercano a Angelici, en diálogo con LA NACION. Y agrega: “Tiene la ventaja de que La Bombonera seguirá donde está, y tendremos un estadio mucho más moderno, que incluso puede seguir evolucionando en una segunda y una tercera etapas”.

Existe otra urgencia. Según el artículo 11 de la ley porteña 2801, el 30 de junio de 2019 todos los estadios de los clubes de la primera A y de la B Nacional deberán tener sentado al menos un 75 por ciento de los espectadores, bajo la pena de clausura. Es decir que dentro de dos años, la cancha de Boca, tal como está hoy, reducirá su capacidad de 49.000 a 38.000 localidades. Angelici dio a entender que en lo económico Boca está en condiciones de hacer la inversión (unos 50.000.000 de dólares) sin necesidad de recurrir a terceros. En lo político, al tratarse de una obra de no más de seis meses, la idea de llegar a la elección presidencial en el club (diciembre de 2019) con La Bombonera remodelada seduce, y es un punto más en favor del arquitecto esloveno.

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“El proyecto une el estadio con sus vecinos. Desde los nuevos palcos se podrá ver el campo de juego, pero también La Bombonera estará conectada con su entorno. Volverá a abrir sus ventanas al barrio”, explica, apasionado, Camernik a LA NACION.

Hay más. En su paso por Buenos Aires, el esloveno se comunicó con Nicolás, nieto de Viktor Sulcic, y éste sumó una alternativa que le gustó mucho a Angelici: la instrumentación de fotocélulas en cada butaca de la cancha, para que el Alberto J. Armando almacene energía solar y se convierta en el primer estadio autosustentable del mundo.

“La Bombonera es un monumento. Un ícono mundial con identidad propia, y recién después es un estadio. Con esta remodelación quiero transformar el lenguaje arquitectónico del siglo pasado al de nuestros días. Para el futuro y la eternidad”, resume Camernik, el esloveno que quiere salvar al templo xeneize.

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