Esta derrota no complica tanto al seleccionado argentino en esta eliminatoria, debido a que perdieron Ecuador y Uruguay, sus inmediatos perseguidores en la tabla de posiciones.

Brasil venció al seleccionado argentino por lo que hizo en el primer tiempo, porque llegó tres veces, convirtió dos goles y ganó el partido en las dos áreas, defendiendo y atacando.

La figura de la cancha, Luis Fabiano, sin una participación regular en el juego, le ganó siempre a los defensores argentinos, sobre todo a la dupla central velezana (Domínguez-Otamendi), y tuvo en Kaká un estratega inteligente, claro y sin errores.

Con esos argumentos Brasil le ganó a Argentina, que salió con todo a jugarle a Brasil, con decisión, empujado por la “caldera” que fue la cancha de Rosario Central en los primeros minutos del partido.

A los 40 segundos Carlos Tevez estuvo a punto de abrir el marcador, luego de una buena jugada colectiva, que derivó en un desborde de Maxi Rodríguez por derecha y que el “Apache” no pudo capitalizar como hubiera deseado.

Ese arranque de Argentina continuó con el correr de los minutos y fue preciso e intenso cuando la pelota pasó por los pies de Lionel Messi, el abanderado del fútbol que quiere imponer Diego Maradona.

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Pero todo lo bueno que hacía Messi, bien acompañado por Verón, se diluía al llegar al área de Brasil, donde Lucio y Luisao se cansaron de rechazar pelotas.

Brasil intentaba en ese momento manejar la pelota con el criterio y el talento de Kaká, pero sus aspiraciones pasaban todas por una contra salvadora, que no llegaba porque el seleccionado argentino estaba bien parado en el fondo.

Sin embargo, los brasileños fueron los que se pusieron en ventaja, en contra de lo que pasaba en el partido, luego de que Elano mandara un centro perfecto y Luisao, sorprendiendo en el área, estableció el 1 a 0.

En ese momento la cancha de Central dejó de ser una caldera, pasó a parecerse al “frío estadio Monumental”, como lo calificaron varias veces los jugadores, y temor se apoderó de la multitud que hubo en el Gigante de Arroyito.

Y más todavía cuando llegó el segundo gol, que casi convierte Luisao otra vez, pero Mariano Andújar lo evitó, pero no pudo tapar el remate de Luis Fabiano, quien sólo tuvo que empujar la pelota dentro del área para establecer el 2 a 0.

Argentina no estaba jugando mal y no merecía perder por esa diferencia, pero Brasil le ganaba en las dos áreas y eso complicaba el panorama.

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La efectividad de los dirigidos por Dunga fue total, porque hizo dos goles con jugadas de pelota parada en sus dos únicas llegadas al área y no marcó el tercero, en idéntica cantidad de situaciones porque Andújar salvó ante el remate de Luisao.

La desesperación del seleccionado argentino fue total en ese momento, porque Messi quedó solo, Maxi Rodríguez desapareció, Jesús Dátolo no terminó ninguna jugada, Tevez no podía porque no le llegaba la pelota y Verón alternaba buenas y malas.

Dentro de ese panorama al equipo de Maradona, en esa primera etapa, tampoco lo acompañó la suerte, porque Maxi Rodríguez tuvo su chance arrojándose debajo del arco pero la pelota pegó en el palo.

Para el segundo tiempo Maradona mandó a la cancha a Sergio Agüero y sacó a Maxi Rodríguez, de floja noche, pasando a jugar Verón de volante por derecha, Messi de enganche y Tevez y el “Kun” quedaron parados bien de punta.

Así Argentina comenzó a arrinconar a Brasil contra su arco, con mucha movilidad en todos, con Javier Mascherano parado unos metros adelante en la cancha y todos empujando hacia el arco defendido por Julio César.

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Verón creció en su juego recostado por derecha, le dio una opción de pase a Messi y todos empezaron a entrar en esa sintonía, pero careciendo de profundidad y chocando contra los “grandotes” del fondo de Brasil, quienes se cansaron de rechazar y anticipar.

Cuando Argentina comenzaba a quedarse y Luis Fabiano se perdía con una media vuelta el tercero llegó el descuento, gracias a un gran remate de Dátolo, que se metió en el ángulo derecho de Julio César.

La esperanza nació en todos en Rosario, pero duro un suspiro, porque apareció Kaká, la figura silenciosa de la cancha, por su criterio, sus decisiones acertadas siempre, para meter un pase perfecto a Luis Fabiano, quien con gran categoría venció a Andújar picándole la pelota.

En ese momento los de celeste y blanco se quedaron sin reacción y sólo Messi tuvo alma, vida y juego para intentar algo, cuando la desesperación ya se había transformado en desilusión.

Dunga con sus variantes bajó la cortina, cuando daba la sensación que si asomaba un poco más la nariz podía venir una goleada histórica, y Argentina intentó, luchó pero nada pudo hacer.

 

 

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