Andes Talleres se consagró campeón del fútbol mendocino

 

EL PARTIDO: Emoción, alegría, tristeza. Goles, llanto, festejos, desazón. Nerviosismo, y mucho. Incidencias, para todos los gustos. Una verdadera final, con todas las letras, épica, se vivió en Guaymallén. El CEC igualó la serie, forzó el alargue, fueron a penales y allí, Andes Talleres no dejó pasar su oportunidad para coronarse campeón.

 

¡Cómo no va a festejar, usted, hincha del Matador! ¡Cómo no! Si estaban en la lona, listos para el cachetazo. Porque, a pesar de que el PT mostró muy poco, el CEC aprovechó dos llegadas y las cambió por gol. Frites y Javier González pusieron paridad a la serie y la final se definía en el alargue. Panorama oscuro, Azulgrana.

 

Lo que dijo Abaurre en el entretiempo, seguramente, se esfumó en un minuto, que fue lo que le bastó a Pizarro para definir con tranquilidad y marcar el 3 a 0. Tres a cero… tarde negra, gris, fría, completamente olvidable para los de calle Minuzzi. Y agradézcale, usted, hincha de Tallares, al propio Pizarro, quién perdió un gol abajo del arco poco después de meter tercero.

 

La oportunidad que dejaba pasar el Tallarín después la primera final era increíble. Pero es fútbol y así, de la nada, revivió. Un centro al área lo encontró a Horcas para regresarle la esperanza al Gaucho. Y Silva inventó un jugadón, no lo pudieron parar y lo bajaron en el área. Penal. Bendito penal. Bendita oportunidad que el Enano cambió por gol. Y el alma volvió al cuerpo, Matador. Así, 2-3, dabas la vuelta…

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Pero hay que sufrir amigo, hay que sufrir. Meza apareció por izquierda y estableció el 4 a 2. Y así, no dabas más la vuelta: otra vez al alargue. Y los minutos finales, la definición, la adrenalina, la emoción y el juego fuerte trajo sus consecuencias. En una ráfaga, Ramírez y Fabricio Agüero fueron expulsados para el Matador. La inminente prórroga sería cuesta arriba con dos menos… y lo salvó Todelo al Azulgrana, porque se equivocó y se fue a las duchas.

 

Quedaron 10 a 9 y llegó el alargue. Treinta minutos. O una eternidad, como usted desee. Ambos querían ganarlo, ¿pero cómo? Si tampoco lo querían perder. El CEC tenía más resto físico y un jugador más, pero no lo aprovechó. Y se complicó solo porque Escudero también vio la roja. 9 contra 9. No había pierna que aguantara más. No había corazón que resistiese la definición. No había fútbol para jugar. Hacía rato que la final se disputaba sólo con alma y vida.

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En el horizonte estaban los penales. Esa definición de cielo o infierno, de llanto o de gloria, de héroes y villanos. Y arrancaron, como toda la tarde, para el infarto. Marcó le atajó a Frites y Silva rompió el palo de Márquez. Y pasaron cuatro, dos de cada bando, y convirtieron todos. Pero Mariano Galeassi se topó con el travesaño. ¿Quién te lo puso ahí, eh? Sí, respire hincha del Matador, respire.

 

Y aunque el Gato Marcó no contuvo el tiro del otro Galeassi, Oscar, estaba la tranquilidad que el último penal era para el Gaucho. Era para poner punto final al torneo, o continuar con la serie desde los doce pasos. Y la zurda del 10, esa de Agustín Sanfilippo, no perdonó. Y el cuerpo regresó en sí, amigo. El corazón se salió de la garganta para dejarla libre, para poder gritarle a todos, mientras se escapaba una lágrima, “dale campeón”.

Mendoza Gol

 

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