El género biográfico no es nuevo en el universo del rock & roll. Hablamos de una tradición repleta de anaqueles ocupados tanto por escritores y grandes periodistas como por –en mayor medida- ediciones de cabotaje y mal documentadas para alimentar los mitos. La publicación de las memorias de Bob Dylan (Chronicles: Volume One, 2004), sin embargo, abrió la puerta para un espacio que todavía permanecía semi-desierto: la autobiografía.

Después del éxito y las grandes críticas recibidas por las Chronicles de Dylan, otro de los grandes artistas en dar el paso fue Keith Richards. El guitarrista y compositor de los Rolling Stones, en lugar de apelar al truco del ghost writer, se reunió con el periodista James Fox para despertar su memoria y darle forma a Life. Un libro que no sólo aportó unas cuantas polémicas, sino que sorprendió al mundo editorial con su gran nivel.

Fiel a su origen literario, Patti Smith escogió un recurso narrativo tan noble como elíptico: retratar su amistad con el artista Robert Mapplethorpe y, en el camino, contar la escena neoyorquina desde fines de los ’60 hasta comienzos de los ’80, pasando por los pasillos del Chelsea Hotel, el CBGB y el estallido del punk. El resultado fue el premiado Just kids, traducido al español como Éramos unos niños.

Hoy, el mercado editorial se prepara para recibir una andanada de autobiografías rockeras. Además de las memorias de Carole King y Steven Tyler, están los flamantes trabajos de Neil Young (Waging Heavy Peace) y Pete Townshend (Who I am). Dos libros que acaban de ser publicados en los Estados Unidos y podrían ser traducidos al español: dos grandes sagas en la historia del rock & roll que, ahora mismo, nos ofrecen una subjetiva en primera persona.

Santana, Yoko Ono, Paul Anka, Jerry Lee Lewis, Carly Simon, Kris Kristofferson, Graham Nash y Robbie Robertson también están poniendo por escrito sus recuerdos. Incluso el propio Billy Corgan, que recientemente declaró: ”estoy escribiendo unas memorias espirituales con mucho sexo, drogas y rock & roll”.

Desde luego, se trata de una tendencia que parece haberse fortalecido por varias razones. Por empezar, la creación de un mercado propicio. Pero, sobre todo, hablamos de la llegada al crepúsculo y la necesidad de balance de los grandes íconos del rock. Una cultura que en un comienzo había marcado su terreno trazando una brecha con el mundo adulto (”prefiero morir antes que llegar a viejo”, escribió Pete Townshend) y, más tarde o más temprano, debió aprender a vivir con la contradicción. De esos dilemas, entre otras cosas, tratan estas historias.

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